17 marzo 2011

Disolución que no desaparición de los Templarios


Ultimamente estoy leyendo bastante sobre los templarios y me parece un tema muy interesante, la verdad.
     Hace unas semanas que terminé un libro que lo trataba con un formato histórico y ahora estoy leyendo Iacobus de Matilde Asensi que aborda el tema como novela.
     Como muchos sabréis, la Orden de los Templarios fue fundada en tiempos de las Cruzadas para conquistar y proteger Tierra Santa de los musulmanes. Fue la primera orden religiosa en la que los monjes eran guerreros y como la religión y la guerra eran los dos principales factores de reconocimiento de la época, el hecho de poder ejercer ambos a un tiempo, hizo que la Orden creciese en número y prestigio rápidamente.
     Realmente, la Orden tuvo una existencia real bastante corta comparada con el tiempo que se ha estado hablando de ella, únicamente estuvo activa unos 200 años pero durante ese lapso de tiempo realizó unos avances extraordinarios.
     Una de las razones de que su eficiencia fue que tenían su propia jerarquía interna, independiente de la jerarquía eclesiástica y rendían cuentas, en última instancia, el Papa en lugar de a los reyes de los países donde ejerciesen sus actividades. Esto les dio una autonomía muy grande y se convirtieron en verdaderos innovadores adelantados a su época.
     La tarea de conquistar y proteger Tierra Santa no era sencilla por muchos motivos. Uno de ellos fue la enorme distancia geográfica entre los poderosos reinos cristianos - correspondientes a los actuales Francia, España, Reino Unido e Italia - y el territorio a conquistar y defender. Además, si el viaje se hacía por tierra, se debían cruzar territorios hostiles para los cristianos, en la zona de los Balcanes y la actual Turquía.
     Ese problema se transformó en una oportunidad para los Caballeros de la Orden de los Templarios, empujándoles a convertirse en unos marineros extraordinarios, llegando a tener control casi total sobre el Mediterráneo durante los 200 años que estuvieron en activo.
     Gracias a este control, se pudo establecer una segura red de transporte marítimo de armas y ejércitos con la que nutrir la larga Guerra Santa. Como también transportaban tesoros y dinero, se convirtieron en depositarios, tesoreros y banqueros de caballeros, nobles y, con el tiempo, de los propios reyes.
     A pesar de su eficacia, buena organización y poder de innovación, no pudieron cumplir con su principal cometido y Tierra Santa fue definitivamente reconquistada por los musulmanes.
     Llegados a ese punto, se trataba de una organización poderosa, muy rica y que no rendía cuentas a los Reyes sino al Papa directamente y que no había podido cumplir la misión que se lo encomendó. Esta situación compuso un escenario en el que los reyes cristianos, liderados por Felipe IV de Francia, pudieron cargar contra ellos con el ánimo de disolver la Orden y poder, así, apropiarse de sus bienes y tener su gran poder e influencia bajo control.
     En aquella época, Francia era el mayor y más poderoso reino cristiano, ya que los reinos de la Península Ibérica todavía embarcados en la Reconquista y los reinos de lo que es ahora Italia estaban guerreando entre ellos. Felipe V utilizó su influencia para hacer Papa a Clemente V y éste, para devolver el favor, disolvió la Orden de los Caballeros Templarios el 22 de Mayo de 1312, repartiendo sus bienes entre los Reyes y la Orden de los Caballeros Hospitalarios, sus más inmediatos competidores, con los que incluso estuvieron en guerra.
     El proceso de disolución fue largo, con torturas, lleno de falsas acusaciones y contradictorias revocaciones pero, finalmente, se culminó. Es legendario, pero parece que muy real, el momento en el último Gran Maestre de la Orden del Temple, Jacques de Molay, desde la hoguera maldijo a Felipe IV, al papa Clemente V y a Guillermo de Nogaret, los tres principales actores del proceso, así como a sus descendientes. La muerte de estos tres personajes en extrañas circunstancias no ha hecho más que alimentar la leyenda de los templarios.
     Digo disolución y no desaparición de la Orden, porque muchos de los monjes templarios se ubicaron en otras órdenes, como la de los Hospitalarios. Por otra parte, algunos reinos como Aragón, Castilla y Portugal, acataron oficialmente la orden papal de disolución, pero en realidad, crearon nuevas órdenes donde los monjes templarios pudieron básicamente seguir realizando la misma labor de antes (detecto aquí un estilo político que me resulta realmente familiar) pero ya absorbidos por la jerarquía eclesiástica y bajo el control de los reyes cristianos.
     De hecho, en libros como el Péndulo de Foucault (Umberto Eco) o el Código da Vinci (Dan Brown), se enlaza la orden de los templarios con la masonería, los rosacruces, el priorato de Sión y otras logias iniciáticas actuales.

Bueno, voy a seguir leyendo y ya os iré contando más ....

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